Contratar una empleada del hogar sin contrato: riesgos, sanciones y cómo hacerlo bien

En el empleo del hogar, muchas decisiones se toman desde la confianza. Una familia necesita ayuda, alguien recomienda a una persona, la situación parece clara y se empieza “de palabra”.

Pero una cosa es que haya confianza y otra muy distinta es que no existan obligaciones laborales.

Cuando una persona trabaja en una casa, con un horario, unas tareas y una remuneración, no estamos ante un favor ni ante una ayuda informal. Estamos ante una relación laboral. Y eso implica hacer las cosas bien desde el principio.

Cuando la confianza no sustituye al contrato

Durante años, el empleo doméstico se ha movido en una zona algo confusa. Muchas familias han usado frases como “viene solo unas horas”, “es como de la familia” o “ya nos arreglamos entre nosotras”.

Pero la ley no funciona así.

Si una persona presta servicios en el hogar familiar bajo las instrucciones de quien la contrata, con una jornada y un salario, existe una relación laboral. Puede tratarse de tareas de limpieza, cocina, organización de la casa, cuidado de niños, acompañamiento de personas mayores o atención a una persona dependiente.

Por eso, contratar a una empleada del hogar o cuidadora no debería hacerse de manera improvisada. La confianza es importante, pero no sustituye al contrato, al alta en la Seguridad Social ni a una documentación correcta.

El problema de contratar “de palabra”

Hace unos días se publicaba una noticia que debería hacer reflexionar a muchas familias que tienen o están pensando en contratar a una empleada del hogar o cuidadora.

Una trabajadora fue despedida después de que la persona a la que cuidaba ingresara en una residencia. La causa podía parecer razonable: si la persona cuidada ya no vive en casa y la familia deja de necesitar ese servicio, existe un cambio real en las necesidades familiares.

Hasta aquí, muchas familias podrían pensar: “Entonces no hay problema”.

Pero sí lo hubo.

El problema no fue solo la causa. El problema fue la forma.

La trabajadora fue despedida verbalmente, sin carta por escrito y sin poner a su disposición la indemnización correspondiente. Y eso acabó convirtiendo una situación que podía tener una explicación razonable en un problema laboral para la familia.

Que la causa sea válida no significa que el despido esté bien hecho

En el empleo del hogar, la relación laboral puede finalizar cuando cambian de forma importante las necesidades de la unidad familiar. Por ejemplo, si la persona cuidada entra en una residencia, si la familia deja de necesitar el servicio o si existe una causa proporcionada que justifique la finalización.

Pero no basta con tener una razón.

También hay que comunicarlo correctamente.

De forma general, la extinción de la relación laboral debe hacerse por escrito, indicando con claridad la voluntad de finalizar la relación y explicando la causa. Además, debe ponerse a disposición de la trabajadora la indemnización que corresponda y respetar el preaviso cuando sea necesario.

Si estos pasos no se cumplen, la situación puede complicarse mucho.

Dicho de forma sencilla: una familia puede tener una causa real para finalizar la relación laboral y, aun así, tener un problema si lo hace mal.

Qué debería hacerse antes de finalizar la relación laboral

Antes de despedir o finalizar la relación con una empleada del hogar o cuidadora, conviene revisar bien la situación.

  • Cuál es la causa real de la finalización.
  • Si esa causa puede justificarse correctamente.
  • Qué indemnización corresponde.
  • Si debe respetarse un preaviso.
  • Cómo debe redactarse la comunicación por escrito.
  • Qué documentación debe entregarse.

En estos casos, improvisar puede salir caro. Y esperar a que el conflicto ya haya empezado suele hacer que todo sea más difícil.

El riesgo de contratar a una persona sin autorización para trabajar

El caso publicado añadía otro elemento importante: la trabajadora no tenía autorización administrativa para residir ni trabajar en España.

Este punto no es menor.

Muchas familias creen que, si una persona acepta trabajar sin papeles, el riesgo es solo de ella. Pero no es así.

Contratar a una persona extranjera sin la autorización correspondiente puede generar responsabilidades económicas importantes para quien contrata. La necesidad de trabajar de una persona no elimina la obligación de contratar correctamente.

La confianza personal no sustituye a la autorización para trabajar. Y la buena voluntad no evita una sanción.

Lo barato puede salir muy caro

En el empleo del hogar, muchas decisiones se toman desde la urgencia.

  • Una madre mayor necesita ayuda.
  • Un familiar enferma.
  • Una familia no llega a todo.
  • Una persona conocida recomienda a alguien.

Y, en medio de esa urgencia, se empiezan a hacer las cosas “como se puede”.

  • Sin contrato.
  • Sin alta.
  • Sin revisar la documentación.
  • Sin carta de extinción.
  • Sin finiquito bien calculado.
  • Sin asesoramiento.

El problema es que lo que parece una solución rápida puede convertirse en un problema serio.

Contratar en el hogar no es solo encontrar a alguien que cuide, limpie o acompañe. También es asumir una responsabilidad legal.

Contratar bien protege a todos

Contratar legalmente no es solo evitar multas.

Es proteger a la familia. Es proteger a la persona trabajadora. Es evitar conflictos innecesarios. Es construir una relación más clara, más estable y más respetuosa.

Cuando hay contrato, alta en Seguridad Social, nómina, condiciones claras y documentación correcta, ambas partes saben a qué atenerse.

La familia gana tranquilidad. La trabajadora gana derechos. Y la relación empieza desde un lugar mucho más sano.

En Persohome ayudamos a las familias a seleccionar personal doméstico con criterio, experiencia y acompañamiento, para que la contratación no dependa solo de la intuición o de una recomendación informal.

Antes de contratar o despedir, conviene asesorarse

Una de las grandes lecciones de este tipo de casos es que no basta con tener una razón válida para finalizar una relación laboral.

Hay que saber cómo hacerlo.

Antes de contratar, conviene revisar qué tipo de ayuda necesita la familia, qué jornada tendrá la persona, qué tareas realizará, qué documentación debe aportar y cómo debe formalizarse la relación laboral.

Y antes de despedir o finalizar una relación, conviene revisar la causa, preparar la comunicación por escrito, calcular correctamente la indemnización y entregar la documentación que corresponda.

También es importante no confundir situaciones. Por ejemplo, en algunos casos surgen dudas sobre el inicio de la relación laboral, el periodo de prueba o la ausencia de contrato escrito. Si te interesa este punto, puedes leer también nuestro artículo sobre el periodo de prueba sin contrato en el empleo del hogar.

Cuidar también es cumplir

Cuando una persona entra en casa para cuidar de nuestros hijos, de nuestros padres, de una persona dependiente o de nuestro hogar, no estamos solo comprando tiempo.

Estamos creando una relación laboral dentro de un espacio íntimo.

Y precisamente por eso hay que hacerlo bien.

Con humanidad, sí.

Con confianza, también.

Pero también con legalidad.

Contratar bien no es una carga. Es una forma de cuidar.

Cuidar a quien trabaja. Cuidar a quien recibe el cuidado. Y cuidar también a la familia que contrata.

Porque elegir bien ayuda a vivir en paz. Pero contratar bien evita muchos problemas antes de que aparezcan.

¿Estás pensando en contratar una empleada del hogar o cuidadora?

Si tienes una empleada del hogar o cuidadora, o estás pensando en contratar, no improvises.

Revisa la documentación, formaliza el contrato, da de alta desde el primer día y asesórate antes de tomar decisiones importantes.

En Persohome podemos ayudarte a encontrar a la persona adecuada y a enfocar la contratación con más seguridad, claridad y tranquilidad.

Puedes llamarnos al 932 406 074 o contactar con nosotros desde nuestra página de contacto.

Como siempre, quedamos a tu disposición para cualquier consulta.

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